miércoles, 2 de agosto de 2017

Gigante lluvia eterna

"El mundo extraño" - El Mató a un Policía Motorizado (2017)


   La recepción. La emoción después de la ansiada espera. Como la lluvia que llega para aliviar. 

   En la noche que sale, un grupo de amigos se reúnen y trasnochan escuchando el nuevo disco, una y otra vez. Esa misma noche, una chica sueña con dagas y espadas. Al otro día, me agregan a un grupo de whatsapp que se arma para manijiar y organizar ir al próximo recital en la capital. Un amigo me cuenta, en la noche de un lunes cálido de invierno sentados en el zaguán de su casa, me dice que en una clase, en la Facultad de Periodismo, un profesor pasa música y pasa las canciones nuevas de esta banda, y se arma el debate. Pienso que en algún punto, en esta ciudad, ya nadie necesita explicar quiénes son estos muchachos. La gran mayoría de la muchachada joven ya tiene registro de El mató. “El Pueblo”, dirían ellos para referirse a la geografía de esta ciudad plagada de visitantes por conocerse, y donde ellos parecen hacerse cargo de la banda de sonido. El pueblo permite no sólo reconocer a los que gestan su obra sino también a los que la reciben y, sobre todo, ver ese nexo.

   Tengo una teoría idiota en la que pienso que La Plata es una rockola gastada que todo el tiempo está pasando canciones de Los Redondos: imagino que en todo momento, en diferentes circunstancias, está sonando alguna canción de ellos: en cualquier radio, en un equipo de música en Los Hornos, en el auto tunning de algún banana, en los auriculares de cualquier transeúnte, en los parlantes de un gimnasio. Si pudiéramos atomizar los sonidos de esta ciudad, nos encontraríamos con un soundtrack constante de canciones de Los Redondos. Algo de eso ha ocurrido esta semana con las canciones de El Mató.

   Recuerdo que lo primero que hice cuando llegué a esta ciudad fue arrancar unos afiches resquebrajados tamaño oficio del anuncio de una fecha que había ocurrido tiempo atrás. Un cristo con arito y campera de cuero negro anunciaba a El Mató y a Go-Neko! Todavía conservo esos afiches, y también conservo –maravillas de internet- la grabación del primer recital de ellos que fui a ver, un martes de septiembre hace ya diez años.

  Una síntesis de esta ciudad. Sus diagonales como agujeros negros llevándonos hacia la dimensión del rock. Todas las pibas y los pibes del país que caen a este cuadrado, a sus facultades, y se dan cuenta –tarde o temprano - que "el cuadrado" va mucho más allá de sus límites, y que la universidad es una excusa. Y empiezan a caer afuera. Esta síntesis tiene que ver con esas personas y esta geografía poblada de bandas reunidas desde las ansias. Porque más allá de géneros y estilos, en cada puto adoquín hay un grupo haciendo lo que les sale. Y podría ser cualquiera de esas bandas. Este pueblo es la prueba: El mató no es la única, ni la primera; ni será la última.

   A lo largo de estos años no sé muy bien en qué se ha transformado esta ciudad. Pero hay un La Plata configurado por estos muchachos, una posible ciudad pendiente del éxtasis que generan sus canciones. Estas canciones que apuntan a corazones rotos, nuevos sonidos que evocan romanticismo y perdición; canciones en vuelo hacia el cancionero popular del rock argentino. Como agarrar una diagonal sin saber muy bien el destino. Esta ciudad es un mundo extraño.